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“Hacemos cavidades de hasta 600 mil metros cúbicos, en las que cabría la torre Eiffel”

Las cavidades salinas desempeñan un papel crucial en el almacenamiento de productos energéticos a nivel mundial. Desde Francia hasta Abu Dhabi, pasando por México y Marruecos, estos depósitos subterráneos permiten gestionar estratégicamente recursos como el gas, el petróleo y actualmente el hidrógeno. La ingeniera de minas Sandra Cueto charla con ENTIBA desde su residencia en París, donde lleva ya 15 años, sobre su trabajo en GEOSTOCK, empresa especializada en el diseño y creación de este tipo de infraestructuras desde sus orígenes, hace ahora 60 años.

¿Qué ventajas diría que tienen este tipo de almacenamientos respecto a otros?
Una de sus principales ventajas es que no son visibles desde el exterior; nadie sabe que hay almacenamiento en la zona, lo que las hace extremadamente seguras frente a posibles ataques, incluso con bombas. Además, destacan por su gran capacidad de almacenamiento en comparación con los tanques convencionales, que suelen ubicarse cerca de los puertos. Podemos crear cavidades de hasta 600.000 metros cúbicos, suficiente para albergar la Torre Eiffel en su interior.

¿Diría que es una forma de almacenamiento de futuro?
Hace ya años que existe este tipo de almacenamiento y, con la guerra de Ucrania, esta tecnología ha acelerado su despliegue. Hemos visto un crecimiento significativo en los proyectos, lo que ha supuesto una carga de trabajo inmensa. De hecho, nuestro equipo de ingenieros especializados en lixiviación ha tenido que duplicar su tamaño para hacer frente a la demanda.

¿Cuál es exactamente su papel en la empresa?
Mi labor fundamental es el diseño y el seguimiento de la creación de la cavidad. Junto con los geólogos, y basándonos en la información proveniente de sondeos, institutos geológicos de cada país y sus mapas geológicos, determinamos la extensión de la capa de sal. Es crucial saber dónde se encuentra el techo y el fondo de esa estructura ya que, con estas dimensiones, decidimos la ubicación de la caverna.

Es necesario mantener una distancia mínima entre el techo de la caverna y la parte superior de la estructura salina para garantizar su estabilidad y prevenir posibles fugas hacia las formaciones porosas. De manera similar, el fondo de la caverna debe respetar una distancia mínima con respecto a la parte inferior de la estructura salífera. La formación de sal es impermeable y no permite el paso ni de líquidos ni de gas.

Mi trabajo se centra principalmente en cavidades destinadas al almacenamiento de líquidos, aunque también he realizado lixiviaciones para cavidades que se iban a destinar al almacenamiento de gas. La última cavidad que he creado ha sido para almacenar GLP (gas licuado de petróleo).

Además de estas labores, también me encargo del seguimiento de las cavidades que ya están en operación, asegurándome de que se operen de manera adecuada y que se cumplan los controles que hemos recomendado.

¿Cuáles son los pasos que siguen para la creación de estas cavidades?
Nuestro diseño de la cavidad se fundamenta en los datos geológicos proporcionados por los geólogos que integran nuestro equipo sobre la formación salífera, como su extensión, calidad de la sal y otros factores relevantes. Iniciamos el proceso con la información disponible sobre la capa de sal, pero en algunos casos los datos son limitados, o los pozos de exploración existentes están alejados de la zona donde se planea construir, lo que puede generar variaciones geológicas incluso a distancias relativamente cortas.

Por este motivo, en muchas ocasiones recomendamos realizar un pequeño sondeo de exploración cerca de la zona de estudio para obtener digrafías y muestras geológicas precisas que puedan analizarse en el laboratorio.

Sin embargo, en muchos casos, los clientes prefieren no realizar este sondeo debido al costo. En lugar de ello, procedemos directamente con la perforación del pozo definitivo y, en ocasiones, nos encontramos con sorpresas inesperadas que no coinciden con la información inicial. A veces, la capa de sal es menos espesa de lo esperado, lo que reduce la altura de la cavidad y, por ende, el volumen inicialmente planificado.

¿Cómo debe ser ese pozo?
Debe llegar hasta la capa de sal y continuar hasta la profundidad requerida. Una parte está revestida con un tubo llamado casing (fijado con cemento que lo mantiene en su lugar y lo conecta con la estructura salina). Dentro de este pozo, instalamos dos tubos: uno para inyectar agua, que disuelve la sal y aumenta el tamaño de la cavidad, y otro para extraer la salmuera, el agua salada resultante. El casing shoe (la base del tubo cementado dentro de la formación salífera) es una parte crítica, ya que puede ser un punto de fuga. Durante el proceso de lixiviación, con nitrógeno o un fluido tipo gasóleo que actúa como una barrera, protegemos esta zona y limitamos la lixiviación en altura. Comenzamos lixiviando la parte baja del pozo de manera horizontal y, gradualmente, vamos elevando los tubos y el gas o fluido de protección (blanket) para lixiviar también en dirección vertical.

Establecemos un programa de lixiviación basado en simulaciones, que detalla las diferentes fases del proceso. Este programa define para cada etapa los parámetros clave, tales como la profundidad de los tubos, la profundidad del blanket, el caudal de inyección, etc. A medida que avanza el proceso se va creando la cavidad, cuya forma depende de la altura total prevista. Si la altura es mayor, la cavidad adquiere una forma cilíndrica; si la altura es más reducida, puede tomar la forma de una esfera, algo similar a una “patata gigante”, que crece más en anchura que en altura.

Una vez creadas las cavernas y antes de su puesta en servicio, realizamos un test llamado MIT (Mechanical Integrity Test), que consiste en validar la aptitud de la caverna para el almacenamiento. En otras palabras, comprobamos si la caverna cumple con las condiciones necesarias para realizar el almacenamiento de manera segura y eficiente.

Para hacer cavidades subterráneas es esencial contar con una gran cantidad de agua, que puede provenir del mar, de un río o de un embalse. Para hacernos una idea, se necesita entre 7 y 10 m³ de agua para crear 1 m³ de cavidad. La salmuera generada durante el proceso también debe gestionarse adecuadamente: se puede enviar al mar (tras un tratamiento de filtración) o a lagos/estanques de agua salada.

Su empresa está ubicada en Francia, pero trabaja en muchos países.
Tenemos proyectos en numerosos países alrededor del mundo. Nuestra base está en París y contamos con una filial en Aix-en-Provence, en el sur de Francia. Geostock nació como una empresa de ingeniería, es decir, nuestro trabajo principal es hacer estudios que entregamos a los clientes, y luego ellos deciden si nos contratan como soporte técnico o si prefieren encargarse de la ejecución por su cuenta.

Además, Geostock se ocupa también de la operación de tres almacenamientos: uno en México y dos en el sur de Francia. En México operamos una cavidad que almacena GLP. En Francia, uno de los almacenamientos se encuentra en Manosque, donde gestionamos 30 cavidades salinas; el otro está cerca de Marsella, destinado al almacenamiento de propano en galerías subterráneas.

Debido al trabajo que demandan estas instalaciones, tenemos una oficina en el sur de Francia con unas 20 personas dedicadas a estudios técnicos y soporte. Ellos realizan inspecciones de corrosión, cambios de tuberías, mantenimiento de oleoductos, etc., y supervisan los trabajos necesarios para garantizar el buen funcionamiento de las instalaciones. He trabajado desde París para Manosque durante siete años, viajando allí casi todos los meses. Es un lugar clave para nosotros porque, además de operarlo, lo usamos como centro de formación para nuestros ingenieros.

En México, el almacenamiento que operamos cuenta con una sola cavidad destinada a GLP. La compañía propietaria se dedica a la extracción de sal. Durante el proceso de lixiviación les brindamos apoyo técnico para que pudieran aprovechar la salmuera y utilizarla de manera habitual, al mismo tiempo que creábamos una cavidad diseñada para reconvertirse en un almacenamiento subterráneo en el futuro.

¿Cuáles han sido los últimos proyectos en los que ha trabajado?
El último proyecto de creación de una cavidad en el que trabajé fue en Marruecos, donde la lixiviación se completó a finales de 2023. Actualmente me encargo de la relixiviación de una de las cavidades existentes en Manosque, con el objetivo de aumentar su capacidad. Además, participo en el seguimiento de la cavidad en operación en México y, por supuesto, en estudios relacionados con cavidades existentes, como controles sónar para verificar la evolución de la forma, pruebas MIT para evaluar su aptitud y posibles reconversiones para almacenamiento de otros productos.

En mis primeros años en Geostock trabajé en Inglaterra en varios proyectos. El más largo y destacado fue para la compañía EON, donde se crearon ocho cavidades que actualmente se destinan al almacenamiento de gas natural. También participé en un proyecto en Bélgica, además de ocuparme durante siete años de las operaciones de mantenimiento de las cavernas de Manosque. En la actualidad tenemos un proyecto de creación de dos cavernas en Abu Dhabi, cuya lixiviación está prevista que comience en octubre de este año.

¿En España hay este tipo de almacenamiento?
No, actualmente no hay ninguno en cavidad salina. Cuando llegué a Geostock había un proyecto cerca de Barcelona, en una zona con minas de sal, creo recordar que cerca de Cardona, aunque no estoy completamente segura. Se contemplaron ocho cavidades, pero debido a la crisis económica el proyecto no pudo avanzar. A pesar de que se realizó un diseño básico con ubicaciones y volúmenes definidos, no se siguió adelante por falta de financiación.

También recibimos una propuesta para un estudio relacionado con el almacenamiento de hidrógeno en unas cavidades existentes en Polanco (Cantabria), pero la oferta comercial de Geostock no fue aceptada.

Existen numerosas cavidades salinas en España y en otros países, creadas como resultado de la producción de sal. Sin embargo, en muchos casos no pueden ser reconvertidas en almacenamiento subterráneo de gas o hidrocarburos líquidos porque no cumplen con ciertos criterios geométricos y geomecánicos esenciales para garantizar su estabilidad y estanqueidad.

¿Y cree que a futuro se podrá ver este tipo de cosas en España?
Yo creo que sí. Un dato que muestra el interés es la licitación que hemos tenido para la zona de Polanco (Cantabria), mencionada anteriormente, y otra más reciente en Pinoso (Alicante), donde la compañía Salinas de Torrevieja nos solicitó apoyo técnico para continuar con su producción creando, al mismo tiempo, nuevas cavidades que puedan destinarse al almacenamiento en el futuro.

Es fundamental respetar criterios geomecánicos (como la distancia adecuada entre cavidades) y geométricos (como el diámetro máximo) para garantizar la estabilidad y la estanqueidad. Contamos con un manual que establece las normas para crear cavidades seguras y evitar colapsos o derrumbes.

Si no se cumplen estos criterios existe el riesgo de hundimiento en el techo de la caverna, lo que podría generar un cráter en la superficie, como ya ha ocurrido en varios casos en Estados Unidos, donde algunas cavidades tuvieron que ser abandonadas por estos problemas.

Una vez que se ha realizado el almacenamiento, ¿hacen ustedes seguimiento de las instalaciones?
Sí, por supuesto. Una vez construido el almacenamiento es fundamental realizar un seguimiento regular, igual que en una instalación en superficie, para garantizar que todo funcione correctamente, que no haya fugas del producto ni posibles derrumbes de la cavidad.

Hacemos controles para verificar la evolución de la forma (mediante sondas sónar), controles de corrosión tanto del casing cementado como de las tuberías de producción, así como pruebas MIT (Mechanical Integrity Test) para comprobar la estanqueidad. También realizamos pruebas de presión para asegurarnos de que las cavidades resistan las presiones generadas en los procesos de inyección y vaciado. Durante este seguimiento verificamos que no haya pérdidas de presión y utilizamos sondas para medir los niveles de hidrocarburos y descartar fugas.

El seguimiento de las cavidades durante su operación es fundamental, ya que, en caso de almacenar gas natural, cualquier filtración o migración hacia la superficie podría generar riesgos significativos, incluso explosiones si hubiera acumulación excesiva. La operación de un almacenamiento en cavidades salinas requiere mantenimiento y control continuos, por lo que proporcionamos a nuestros clientes soporte técnico especializado durante todo el proceso.

¿Han encontrado algún tipo de oposición a estos almacenamientos por parte de la sociedad o los grupos ecologistas?
No, en general no hemos tenido oposición significativa. Las instalaciones subterráneas son discretas y no se perciben desde la superficie, ya que la mayoría de los tubos están enterrados. Lo único visible suelen ser algunas válvulas protegidas por una pequeña verja, en muchos casos rodeada de vegetación, como árboles o plantas, lo que contribuye a integrarlas de manera natural en el entorno.

En algunos lugares, como Marruecos, incluso se han plantado palmeras alrededor para añadir un toque verde. Por lo tanto, el impacto visual es prácticamente nulo y todo se mantiene limpio y discreto.

Del metro de Barcelona a las cavernas de sal

Estudió Laboreo en la Escuela de Minas de Oviedo, una decisión que reconoce estuvo algo influenciada por su hermano mayor, quien había cursado Ingeniería Industrial y le recomendó, en caso de no decantarse por esa rama, estudiar Minas. “Siempre me había interesado la geología, pero mi hermano me orientó para que estudiara Ingeniería de Minas, ya que ofrecía mejores oportunidades laborales”, explica. Y es que, en aquel entonces, “era una opción muy valorada, y la verdad es que no tuve ningún problema para encontrar trabajo”.

¿Cuáles fueron sus primeros pasos profesionales?
Cuando terminé la carrera y regresé de una estancia para aprender inglés, envié mi currículum a diferentes ofertas que el Colegio de Ingenieros de Minas tenía en su bolsa de empleo, y las oportunidades llegaron enseguida. De hecho, incluso después de haber aceptado un puesto en OHL, seguía recibiendo llamadas de otras empresas a las que había postulado.

¿En qué consistía ese primer trabajo?
Comencé en Barcelona trabajando en la construcción de túneles con máquina tuneladora, una labor común para muchos de nosotros en el sector. Formé parte del equipo que trabajó en la construcción de la línea 9 del Metro de Barcelona con OHL entre 2007 y 2010. Durante ese período también participé en la prolongación de la línea de tren de los Ferrocarriles de la Generalitat de Cataluña, que conecta Barcelona con Terrassa.

¿Cuándo llegó el traslado a París?
El trabajo construyendo túneles con tuneladora implica largas jornadas y mucho estrés. Para seguir este ritmo, tu trabajo tiene que apasionarte, y no era mi caso.

En esa época tenía una amiga que trabajaba (y sigue trabajando) en Enagás, con la que había hecho el Erasmus en Francia. Ella me contó que una empresa francesa con la que colaboraba buscaba un ingeniero de lixiviación para la oficina que en ese momento tenían en Madrid. Me pasó la oferta y yo envié mi currículum. Después de varias entrevistas quedamos dos finalistas: un chico de Madrid que también había hecho Erasmus en Francia y yo.

Por casualidad, en ese momento una ingeniera de lixiviación de la oficina en Francia dejó la empresa, lo que generó dos vacantes para el mismo puesto: una en Madrid y otra en París. El candidato de Madrid fue seleccionado para esa oficina, y a mí me ofrecieron la oportunidad de trasladarme a París. Acepté la propuesta sin pensarlo ni un segundo, ya que siempre me ha gustado viajar y ya había vivido en Francia anteriormente. Así fue como terminé en París, por suerte, ya que la filial de Madrid cerró pocos años después.

Al llegar no conocía en profundidad el almacenamiento subterráneo. Aunque no era una técnica completamente nueva, sí era poco conocida para muchas personas. Es un proceso muy específico y no siempre se dan las condiciones geológicas adecuadas para llevarlo a cabo. Además, depende de factores como la demanda energética y la disponibilidad de fuentes de agua cercanas, como ríos, mares o embalses, que son esenciales para el proceso.

¿Está contenta con la decisión de haberse ido a Francia?
La verdad es que sí, tengo muchas ventajas aquí. Por eso, pensar en volver a España es bastante complicado. A medida que pasa el tiempo, el nivel de confort aumenta y la idea de retroceder no resulta atractiva. Además, tanto en Navidad como en verano, voy a Asturias (a Oviedo o a Llanes), lo que me permite mantener el contacto con mi familia y disfrutar de lo mejor de ambos lados.

¿Mantiene entonces lazos familiares con Asturias?
Sí. Mi hermano mayor y mi cuñada están en Oviedo, mi madre está en Llanes… Casi toda mi familia está en Asturias.

Texto: Irene García