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RECUERDOS Y REFLEXIONES EN EL 50 ANIVERSARIO DE LA X PROMOCIÓN DE INGENIEROS DE MINAS DE LA ETSIMO
Por Eloy Álvarez Pelegry

Querido decano-presidente del colegio oficial de ingenieros de minas del noroeste de España, queridos compañeros, familiares amigos.

Es para mí un honor haber sido designado para llevar a cabo esta intervención, con motivo de la celebración del quincuagésimo aniversario de nuestra promoción. Acto que, por su naturaleza, tiene elementos de recuerdo, y de reflexión; y que es también, una celebración muy emotiva.

En primer lugar, trataré de rememorar el tiempo de nuestros estudios en la Escuela, poniéndolos en el contexto del tiempo y de la actividad, industrial, energética y minera de Asturias en aquella época.

Me referiré luego a mi andadura profesional, ya que me ha parecido un ejercicio que puede reflejar, en que campos y actividades nos hemos movido los ingenieros de minas en estos cincuenta años. Y terminaré con unas breves reflexiones personales sobre los tiempos de hoy y sobre el futuro de la ingeniería y de los ingenieros de minas y energía

Cincuenta años son muchos años. En expresión de Ortega y Gasset son dos generaciones, y si seguimos las clasificaciones más actuales, fuimos la de los “Baby boomers”, aunque entonces igual no lo sabíamos. Después de la nuestra han venido las generaciones de los “millenials”, la generación Z; y la actual y última, está a cuatro generaciones de la nuestra.

Por ello creo que tenemos que felicitarnos por haber llegado hasta aquí, en ese dilatado recorrido de 50 años; período en el que nos han dejado varios compañeros y muchos profesores, a los que en este acto les dedicamos un emotivo recuerdo.

Los estudios de entonces y la Asturias de aquella época

El escritor Francisco Ayala tiene un libro de memorias que titula “Recuerdos y olvidos”. El título me parece oportuno porque mencionaré recuerdos, pero inevitablemente habrá olvidos, y por ello, podréis echar en falta cosas de la época que fueron importantes. Por tanto, los recuerdos serán personales habiendo pasado por el tamiz del olvido, que en bastantes ocasiones es caprichoso. Con todo espero dar, al menos, una remembranza de aquellos tiempos.

Nuestra carrera era de cinco años y respondía a un nuevo plan, el de 1964, que había reducido los años de estudio de seis a cinco; pero al parecer, sin disminuir significativamente los contenidos académicos.

Los tres primeros eran de una notable dureza que no permitía darse un respiro; salvo, eso sí, en la semana de Santa Barbara, de la que todos guardamos muy buenos recuerdos. En los años siguientes tampoco había muchas ocasiones para relajarse. 

En los dos primeros teníamos las asignaturas básicas, que eran fundamentales: álgebra, cálculo, física, química, fisicoquímica, dibujo técnico y mecánica. En el tercero se avanzaba con un mayor número de asignaturas igualmente importantes. Electrotecnia y Electrónica I, combustibles, estructuras, generadores y motores, mineralogía, resistencia de materiales, y mecánica de fluidos. 

El cuarto curso seguía siendo común para todos, y en algunos casos suponía una profundización de algunas asignaturas. Así teníamos electrotecnia y electrónica II, metalotecnia, metalurgia, siderurgia, topografía, laboreo de minas, energía nuclear, geología y estratigrafía. Así que las asignaturas se iban multiplicando y diversificándose hacia las de las especialidades.

Era una carrera con un cuerpo troncal muy fuerte, que requería mucho trabajo y perseverancia y que tenía entonces cuatro especialidades, a las que se dedicaba el último año de carrera, y que entonces eran: combustibles y energía, laboreo y explosivos, metalurgia y mineralurgia, geología y geofísica. 

Si menciono las especialidades es porque me parece relevante para mostrar la riqueza de nuestra carrea y la versatilidad de nuestra formación, ya que nuestras trayectorias y vidas profesionales se han desarrollado entre otros en los sectores o ámbitos de la minería, (de carbón, potasas, y metálica), en la siderurgia y metalurgia; y en el amplio mundo de la energía, desde la generación eléctrica con carbón, a la nuclear, en el gas natural o la distribución de electricidad. Aspecto este, de la energía, muy ligado a nuestra profesión. De hecho, en los años 2013, 2014 y 2017 las escuelas de Madrid, Oviedo y Vigo han incluido en sus títulos, minas y energía y en el caso de Oviedo, también de materiales.

Asimismo, nuestros compañeros también han desarrollado su actividad profesional en los campos de la exploración del petróleo o del gas, el refino y también en la industria metal mecánica, en la gestión de aguas, en la hidrogeología, en la investigación geológica, en la geotecnia; así como en la industria química, en la de fertilizantes o en la del papel y el cemento. Y naturalmente también hemos tenido compañeros en los campos de las administraciones públicas. 

Por otra parte, la mayoría de los 47 ingenieros que salimos de la X promoción, se quedaron a trabajar en Asturias (aproximadamente un 72 %), mientras que un grupo más bien reducido comenzamos nuestra andadura fuera de Asturias. Esto pienso que tiene que ver con el entorno industrial y empresarial de entonces en la Asturias de aquella época. 

Mirando retrospectivamente, la naturaleza de las asignaturas, el esfuerzo de estudio, y la necesidad de organización, creo que fue para todos importante en nuestras vidas profesionales. Los conocimientos básicos, y los nuevos conceptos requieren esfuerzo y tiempo y no se improvisan.

Podría argumentarse, como a veces se hace ahora, que se podrían segmentar más los estudios y centrase en aquellos temas de especialización. Creo que es un error ya que, recordando aquel prólogo del Mataix de nuestro libro de cálculo, los únicos conocimientos que no valen para nada son los que no se tienen, si bien habría que considerar el coste de oportunidad.

En mi opinión, un elemento fundamental, era la necesidad de resolver problemas y de resolverlos bien. Esto ha sido para mí un elemento de formación, que nos ha educado con la mentalidad de acometer nuevos temas sin refugiarse en la comodidad de lo ya conocido.

El profesorado de entonces provenía, yo diría que casi en su totalidad, del mundo empresarial. Los profesores tenían trabajos en empresas y daban clases, creo que eso era un acierto. Con todo, si uno se pone a revisar la situación de entonces, tampoco estaba exenta de carencias. 

Algunos profesores daban temas que, en realidad, no tenían relación directa, o estrecha con su trabajo, y los imperativos y prioridades de éste, en ocasiones resultaban en una escasa preparación de las clases. 

Por otra parte, y en mi opinión, tampoco ayudaba que, en general, no dispusiésemos de buenos apuntes o de libros cuyos autores fuesen los profesores. En honor a la verdad recuerdo los apuntes de mineralurgia, de fisicoquímica, y de generadores y motores térmicos, y de combustibles; y naturalmente los libros de texto, que, si no me equivoco, en su mayoría de autores extranjeros, los comprábamos en la librería Cervantes.

Por otra parte, salvo la realización de proyectos fin de carrera, que requerían, en general un cierto grado de investigación, no había departamentos con personal de la escuela plenamente dedicado a investigar y publicar trabajos en revistas o libros, lo que con el paso de los años ha llegado ser una práctica habitual en las escuelas de ingeniería.

Una notable e importante excepción era Francisco Pintado Fe que dirigía la escuela y el Instituto Nacional del Carbón; y a lo largo de la carrera fueron desarrollándose trabajos de investigación. Yo recuerdo la metalotecnia, sobre la que hice el proyecto fin de carrera.

Otra característica era la ausencia de programas de doctorado. En aquellos tiempos, creo que todos teníamos la idea de terminar la carrera y empezar a trabajar en una empresa. Creo que la mayoría de nosotros seguimos esos caminos; lo que no excluye que algunos decidiesen emprender su vida profesional en la universidad.

En nuestros estudios eran también relevantes las visitas a instalaciones, fuesen minas, centrales eléctricas o instalaciones siderúrgicas o mineralúrgicas.

Al hilo de este tema de las visitas técnicas recuerdo muy bien nuestro viaje de estudios en tercero de carrera. Tras vender pinos y ceniceros y buscar financiación, en nuestro caso nos dividimos en un grupo que puso rumbo a las islas Canarias y otro, cuyo itinerario pasó por Paris, Bruselas y Ámsterdam. 

Yo hice el viaje con otros compañeros por esas tres ciudades de Europa. Aparte de pasarlo muy bien, cerca de París visitamos una central nuclear de EDF. Fue un choque cultural ver una Europa tan distinta a la España de entonces. Y no perdamos de vista que hicimos la carrera, prácticamente en el primer lustro de la década de los setenta en la última etapa de Franco y los inicios de la transición.

No podemos dejar de señalar las prácticas. En particular tengo grabada en la mente, las de topografía en la entrada a la escuela en la calle independencia, y las de mineralurgia, en las que había que utilizar papel milimetrado y para las que algunos empleaban papel cebolla. Hoy contar esto a lo más jóvenes les puede resultar chocante; pero así era. 

De igual manera que utilizábamos la regla de cálculo, que por cierto era un notable desembolso y que yo guardo con cariño, aunque uno de mis hijos jugando le quitó la barra central que se extravió, pero así y todo la conservo con cariño. Lo que me parece que no conservo son las tablas de logaritmos de L. Schrön. 

Recuerdo que para complementar los estudios hice un curso de Fortran IV, y de hecho me fui a examinar a IBM, en Madrid. Cito esto para poner en perspectiva la situación, ya que, si bien teníamos en la escuela un gran ordenador de IBM, el mundo de las TIC era casi inexistente. Hoy los ordenadores personales, la computación, los centros de datos, y en general las denominadas tecnologías de información y las comunicaciones son un mundo radicalmente diferente al de nuestra época.

Somos una generación que hemos tenido novedades técnicas y nuevas tecnologías, que han supuesto cambios muy profundos, y que profesionalmente hemos ido abordando e incorporando a nuestras prácticas y conocimientos. 

Si tuviera que resumir, a pesar de las carencias y defectos; y del enorme esfuerzo y trabajo que supuso la conclusión de nuestros estudios, he de decir que guardo un buen recuerdo de los mismos y de la Escuela y de gran parte de los profesores.

También de los compañeros que conocí en la carrera, varios de ellos son buenos amigos y algunos hicimos la mili juntos. ¿Por cierto alguien se acuerda de la mili y que teníamos la posibilidad de compaginarla con los veranos de la carrera e incluso de un primer trimestre del curso de cuarto? 

Sobre la Asturias de entonces

Asturias era entonces una provincia orgullosa de su industria y de su minería. Creo recordar, que, con motivo de una celebración de Santa Bárbara, una portada de la Nueva España destacaba en grandes titulares que Asturias era la primera productora de carbón y la segunda de arrabio y acero de España.

No es de extrañar por tanto la pertinencia de algunas asignaturas y explica que la escuela entonces nutriese la demanda de técnicos para la siderurgia, la industria y la minería asturiana.

La siderurgia y el carbón son dos sectores históricos del desarrollo industrial de Asturias en las que bastantes compañeros de nuestra X promoción llevaron a cabo su vida profesional. Pero también había una industria importante de trasformados metálicos, así como del aluminio y del cinc, de química, de fertilizantes, de cemento y de papel.

 En el conjunto del país la participación de la industria en el PIB pasó de los 1950 a 1970, es decir prácticamente desde los años en los que nacimos la mayoría de nuestra promoción:  del 23 al 31% y la población activa del 20 al 24 %.

En el período 1958-1972 los sectores industriales con mayor crecimiento, según Gabriel Tortella y Eugenia Núñez, era la siderurgia, la metalurgia no férrea, los transformados metálicos y la maquinaria eléctrica. Adviértase que la minería, en sentido estricto, no está entre estos sectores industriales, pero tuvo un fortísimo crecimiento.

Pero esa potente industria fue perdiendo peso, lentamente, en el entramado nacional. Ya a mediados de los años noventa se hablaba de Asturias como región industrial en declive, por ejemplo, en el libro sobre “Estrategias para la reindustrialización de Asturias”

En una fecha más cercana, en el año 2016, en el acto de homenaje a los ingenieros Luis Adaro y Magro y Jerónimo Ibrán y Mulá, que organizo la Real Academia de Ingeniería en Oviedo, el entonces presidente del Principado, ingeniero de minas, vino a decir que en Asturias late un corazón industrial y que hay que esforzarse para mejorar el legado industrial.

La verdad es que como ingeniero de minas asturiano tengo la percepción de que nos encontramos en un cierto ensimismamiento, no exento de una cierta complacencia fundamentada en el orgullo y el amor a nuestra tierra. Y a mí me parece que no avanzamos mucho, ya que este ensimismamiento, probablemente no nos permite apreciar con nitidez, que los grados de avance hay que considerarlos en relación con lo que logran otras regiones y países.

Sobre lo que ha significado para mí la carrera de minas 

Pasados cincuenta años desde la finalización de los estudios, y con la perspectiva del tiempo y de la experiencia, creo que la carrera me dio una base sólida para el desarrollo profesional. Si bien, tengo que decir, que en algunos casos eché en falta enfoques diferentes; más coherencia y rigor académico o una profundización mayor.

Ya he mencionado que tan importante como lo que se estudia, es el método. Me parece que estaba basado en un elevado nivel de exigencia y de dedicación. Estos valores me han sido muy útiles en mi vida profesional; si bien la vida también me ha enseñado la importancia de otros cuando he tenido que dirigir; más que tareas, personas y equipos.

Yo creo que aparte del esfuerzo, la dedicación y la suerte la carrera ha sido la base del desarrollo profesional. He tenido también la fortuna de contar con muy buenos jefes, y colaboradores de los que he aprendido mucho, no solo conocimientos sino también a gestionar, negociar y dirigir. Y el trabajo también me ha reportado conocimientos y relaciones, que me han permitido,  en bastantes casos tener la suerte de contar con el aprecio o el afecto de las personas. 

He desarrollado mi vida profesional en el mundo de la energía. Empecé en el departamento nuclear de Electra de Viesgo y pasé meses en la central nuclear de Garoña, como ingeniero de sistemas y procesos. Allí tuve ocasión de tener una visión de conjunto de cada uno de los subsistemas de la central, apreciar la importancia y complejidad técnica de cada uno de ellos y conocer las “interfaces” entre los mismos. Asimismo, me di cuenta de la importancia de la instrumentación y el control, aunque entonces predominaba lo analógico. 

Yo quería comenzar con temas técnicamente complejos y esos comienzos me sirvieron mucho. Entonces se decía que el primer lustro de la actividad profesional era muy importante porque condiciona la formación y porque las relaciones de esas épocas, a veces, son determinantes en la vida.

He tenido la suerte de trabajar en diversos sectores, en el ámbito de la energía. Eso me ha permitido vivir, desde la actividad profesional, la evolución de la energía en España durante muchos años.

El parón nuclear de finales de los setenta me llevó a Madrid y empecé a trabajar en Enagás como ingeniero de proyecto de redes y ramales. Si bien la complejidad técnica era mucho menor, el trabajo me permitió conocer la importancia de la mecánica de fluidos, las estaciones de regulación y medida y de compresión; así como apreciar la importancia de las soldaduras y de los ensayos no destructivos. 

También tuve la ocasión de conocer, de primera mano, la importancia de conseguir permisos para el paso de los gasoductos; y gané en otros tipos de conocimientos o de experiencias, como la de afrontar reuniones con numerosos afectados; o la de concluir los proyectos en plazo y coste.

En los comienzos de los años ochenta la política energética del gas entra en una cierta indefinición y decido ir a estudiar un año a la “London School of Economics”. Fue una apuesta importante, que hice convencido, y que confirmó mi interés por la economía, ya que a la vuelta inicié, en paralelo al trabajo, la carrera de económicas que concluí años después. 

Creo que la economía es un conocimiento muy relacionado con la ingeniería y recomiendo completar la formación con estudios en ese campo, que enriquecen además nuestra visión de las cosas.

A comienzo de los años ochenta, España estaba acusando el duro golpe de la segunda crisis del petróleo y una de las respuestas del gobierno, fue el plan acelerado de las centrales de carbón. Me ofrecieron un trabajo en una empresa filial de las eléctricas y ahí trabajé en contratos internacionales de compra, y de transporte marítimo y en el análisis de inversiones en minas extranjeras. Curiosamente volvía el carbón, lo que me llevó a repasar los libros de combustibles.

La estancia en Londres y el tipo de trabajo en esos años me hizo darme cuenta de la importancia de los temas internacionales, que luego me sirvieron también en Unión Fenosa, donde desarrolle la etapa profesional más larga; de más de veinte años.

Fue esta etapa muy rica en experiencias profesionales donde pase por diferentes puestos en generación. En medio ambiente, desde donde viví la necesidad de implementar nuevos requerimientos medioambientales; y en investigación y desarrollo, en donde me correspondió proponer y contribuir a implantar la estrategia de I+D.

También, como director de combustibles lo que me llevo a vivir la negociación de contratos de gas, a participar en el desarrollo de plantas de licuefacción y regasificación, de la contratación de buques metaneros y en la creación de Unión Fenosa Gas donde fui secretario general y de la que guardo el recuerdo de un etapa intensísima de trabajo con notables responsabilidades y donde aprendí a convivir y gestionar la vida empresarial con  un socio que es una gran empresa energética.

Durante es largo periodo puede apreciar los cambios que se iban produciendo en los aspectos medioambientales. Así de la preocupación por la eliminación de partículas en los gases de combustión se pasó al problema de la lluvia ácida, que técnicamente se resolvió incorporando plantas de desulfuración.

El tema del CO2 y de las emisiones de gases de efecto invernadero, tuvo para mí un hito con el protocolo de Kioto, que entró en vigor en 2005. Este hecho y las tendencias que se fueron consolidando, supusieron un gran reto estratégico para las centrales de carbón, y si bien la captura y el almacenamiento de CO2 era técnicamente factible, con un coste elevado, se encontraban con falta de apoyo político.

 Las tendencias políticas y sociales fueron consolidando los conceptos de sostenibilidad, que van más allá del respeto y cuidado del medioambiente; y de sus tres pilares (económico, medioambiental, y social); a veces olvidamos que, sin la sostenibilidad económica, es difícil que las otra dos puedan existir.

La actividad académica se concretó, en esos años, como profesor asociado de economía en la Universidad Complutense y en la Escuela de Minas de Madrid. Asimismo, abordé los estudios de doctorado en la escuela de Minas y Energía de Madrid, y elaboré la tesis obteniendo el doctorado, lo que me ha permitido vincularme más a la vida académica.

La compra de Unión Fenosa por Gas Natural supone para mí un cambio importante. Afortunadamente, me ofrecieron crear y dirigir la catedra de energía en la universidad de Deusto, donde puede desarrollar actividades académicas durante siete años.

Ahora, continúo con actividades como profesor Ad Honoren en la Escuela de Minas y Energía de Madrid y como académico de la Real Academia de Ingeniería ; y elegido recientemente, de la de Doctores de España. Ello me permite tener una significativa actividad intelectual, que, en mi caso, además de las publicaciones, y conferencias, considero que tiene que ver con lo que hoy se llama “Devolución a la sociedad”

Con los pies en el presente, mirando al futuro

 Me he referido antes a la evolución, que pude conocer de primera mano, de los temas medioambientales. Desde la denominada conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible en 1992, y tras las diferentes Cumbres de Naciones Unidas para el Cambio Climático; llegamos en el año 2015, al gran hito del acuerdo de París,  para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. Al mismo tiempo el concepto de sostenibilidad se ha instalado como una necesidad ineludible.

Desde la óptica de nuestras actividades como ingenieros este nuevo marco, alguno diría sin mucho rigor científico, paradigma, supone cambios decisivos para el mundo de la energía y la minería.

En la generación eléctrica el fuerte crecimiento de las energías renovables, eólica y solar fotovoltaica, con costes atractivos, tras importantes desarrollos de muchos años, contribuyen a la disminución de emisiones. Pero no sin retos, como la necesidad de fuertes inversiones en las redes de transporte y distribución, la de desarrollar el almacenamiento y de apoyarse en las centrales como las gas de ciclo combinado, para dar seguridad y continuidad al suministro. 

Sin duda, si bien la combustión en la generación seguirá, previsiblemente por muchos años siendo necesaria, y nuestros estudios del diagrama de Mollier siguen siendo válidos, pero también, y a modo de ejemplo, hay que incorporar la ecuación de Betz para conocer el aprovechamiento eólico, cosa que nosotros no estudiamos. 

La combustión seguirá también siendo necesaria en el transporte, pero la electrificación del mismo lleva a una necesidad de producción fortísima de baterías. La química y la fisicoquímica cobran protagonismo.

Todo esto tiene lugar en una situación donde la proliferación de sensores, gracias a su bajo coste, lleva a procesos más monitorizados y controlados y en los que, a la base física de las instalaciones, se superpone una capa digital. Esto tiene una importancia fundamental para la ingeniería y para la industria. Hoy se habla de “servitizacion” de la industria para poner de manifiesto el peso técnico y económico que estas realidades tienen y a lo que la ingeniería no puede ser ajena.

Parecería que lo físico en sus realidades materiales pierden protagonismo, pero pienso que está lejos de ser así. Primero porque lo digital opera sobre un sustrato físico, y segundo, y muy relevante para los ingenieros de minas, porque la transición energética implica una fuerte demanda y un gran incremento de minerales y metales.

Los generadores eólicos y las instalaciones fotovoltaicas requieren por megavatio instalado más metales que la generación con energías fósiles o nucleares. Además, se requieren minerales como los necesarios para los imanes permanentes y otros. Esta preocupación ha llevado a la Unión Europea a establecer un reglamento de materias primas minerales para asegurar que la transición energética no fracasa; ya que, al evitar la dependencia de unos países, podemos pasar a otras con las importaciones de minerales. 

El entorno geopolítico es muy cambiante e incierto, la situación en EE.UU. y China y la de la UE, hasta cierto punto atrapada entre las dos potencias, refuerza el tema de la seguridad y de la autonomía estratégica, y en tiempos muy recientes esta autonomía está espoleada por la necesidad de reforzar la industria de defensa; que también requiere minerales y metales y que por su naturaleza debe evitar las dependencias.

Así pues, tras muchos años en los que la minería estaba en declive y la que la necesidad de metales, con las correspondientes etapas de minería, mineralurgia y metalurgia, se consideraba que no estaba mal que vinieran de fuera, hoy cobra relevancia estratégica y técnica la necesidad de potenciar esto en nuestro territorio, con un concepto de desarrollar industria asociada mediante “clústeres”.

He aquí como la transición energética y el entorno geopolítico, llevan al “revival” de unos estudios y una profesión; a la que se empezaba a considerar no primordial.

Naturalmente estos hechos, por si solos, no producirán la demanda de estudiantes que deseen acometer estos estudios. En primer lugar, la demanda de estudios de ingeniería es baja, en general, en sus diferentes ramas. Se estima del orden de un 13% los estudiantes universitarios eligen una ingeniería, y este porcentaje ha disminuido desde un 24 % en 2002-03. Cuando se mira al porcentaje de los que terminan una ingeniería respecto al total de universitarios este es de solo el 7,5% del total de egresados y de nuevo el porcentaje ha caído desde un 20 % en 2007-08.

Y es que hemos de reconocer que no resulta muy atractiva para muchos estudiantes. A ello puede contribuir la dificultad de los estudios, quizás mitigada por el esquema de Bolonia, y que los salarios, si bien son porcentualmente más elevados que la media, al final no parecen tener en España la valoración más adecuada.

Los matriculados en ingeniería de minas han caído más de un 50 % en los últimos ocho años, y los que concluyen un máster de minas representan sólo del orden de un 1 % del conjunto de las ingenierías. En valores absolutos 219 personas finalizaron un grado de minas, y 150 personas un máster de minas y energía en el curso 2021-22. Todo ello según datos de Ingite. Las cifras son muy bajas. Pero estos valores, si se miran con optimismo, tienen un gran margen de crecimiento.

Por otra parte, en mi opinión, la sociedad no valora mucho la ingeniería. Sí valora bien otras profesiones, como la medicina y en el ámbito técnico me parece que se valoran más los científicos e investigadores. Sin que esto signifique que estas valoraciones me parezcan mal. 

Sabemos bien que sin ingeniería no hay energía segura, ni minerales, ni manufacturas, ni un medioambiente mejor. Podríamos también pensar que hay una ingeniería silenciosa que contribuye a que las cosas funcionen y a veces parece que no existe. Por ello deberíamos de reivindicar el papel de la ingeniería, y en este sentido las autoridades académicas bien podrían llevar a cabo una reflexión a fondo sobre el papel de la ingeniería y de la rama de minas y energía, en el contexto de transición energética y de la búsqueda de la neutralidad climática.

Reflexiones finales

Nuestras trayectorias profesionales están hechas, y si bien, de una forma u otra, seguimos trabajando o realizando actividades en esta etapa de la vida, el tiempo pasado es más dilatado que el de nuestro futuro. Pero ello no quita para que desde nuestra experiencia podamos hablar del presente y aventurar algunas ideas sobre el futuro de los ingenieros y de nuestra profesión, tal como me he permitido hacer más arriba.

Nuestra carrera crea un sentido de afinidad con la tierra y con sus recursos, con la energía y con la industria; y naturalmente con nuestros compañeros de la ingeniería y en particular con los de nuestra rama. Estos tiempos de transición energética son una buena ocasión para visibilizar los campos en los que nuestra promoción se ha movido y desarrollado; y también, específicamente, para poner en valor y revitalizar las actividades mineras y metalúrgicas. 

Nuestra carrera nos abrió muchas puertas para desarrollar actividades profesionales con las que creo hemos contribuido al crecimiento y al bienestar de la sociedad española y cada uno de nosotros desde nuestra posición, algo podemos seguir haciendo para contribuir a la ingeniería española y a la sociedad.

Pienso que tenemos motivos para sentirnos orgullosos de ser ingenieros de minas. Una carrera con unos estudios de tradición centenaria seguro que tiene futuro muchos años más, pero, aun así, entiendo que, como profesión, tenemos un reto.

En nuestras actividades quizás deberíamos ser más activos para contribuir, desde nuestra visión, a visibilizar en mayor medida, el papel de la ingeniería. Y posiblemente al igual que otras profesiones han creado una narrativa atractiva para la sociedad, es posible que debiéramos de pensar en cómo escribir la nuestra.

Voy a terminar. Gracias a la carrera, unido al trabajo y acompañado por la suerte, he tenido una vida profesional satisfactoria y me siento orgulloso de ser ingeniero de minas. Pero eso no hubiese sido posible sin el apoyo de todos aquellos, que son muchos, que en mi trayectoria profesional han colaborado conmigo y me han ayudado; especialmente mi familia, mis hijos, mis jefes, colaboradores y colegas y mis amigos. A todos soy deudor y a todos ellos quiero expresar mi más sincero agradecimiento. 

Deseo finalizar dando las gracias al Colegio de Minas del Noroeste, a su decano Juan José Fernández, por acogernos en esta sede; a mis compañeros Ramón Álvarez, José Manuel Ongallo, Jesús Postigo, Tomás Suárez y Juan Carlos Rodríguez-Ovejero, que me han animado a intervenir aquí; y a todos los que nos acompañáis en este entrañable acto.

Muchas gracias por vuestra atención.

Oviedo 31 mayo 2025