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Estando de visita en Gijón la sorprendimos con una llamada de Entiba para proponerle una entrevista sobre su trayectoria. Toda una afortunada coincidencia que nos permitió quedar en persona para charlar con una de las actrices más queridas y valoradas en Asturias, la ovetense Mary Paz Pondal, que actualmente vive en Boadilla del Monte, en Madrid, pero lleva la asturianía por bandera allá donde va. Su acento la delata y como muestra de su identidad asturiana, lleva al cuello la Cruz de la Victoria que le regaló el alcalde de Oviedo. 

En una entrevista en vídeo, que nos invita a ver y que está disponible en YouTube, menciona que la mejor etapa de su vida ha sido la de los últimos 30 años, un periodo en el que ha podido dedicarse a lo que le gusta, a lo que cree y, sobre todo, a lo que ha cautivado a la gente. Se refiere a su pasión por la poesía y lo reafirma: “Lo que más me gusta es hacer mis espectáculos sobre los poetas”, asegura. Y es que Mary Paz Pondal ha creado espectáculos sobre ellos, como Unidos en el tiempo: Machado, Lorca y Hernández, un recital poético en el que la actriz ofrecía una selección de poemas destacando la conexión temporal y temática de estos autores. Además, en 2008, presentó un montaje que combinaba teatro, poesía y el mundo taurino, incluyendo textos de Federico García Lorca, Manuel Machado y Gerardo Diego. Con estos trabajos, Pondal ha encontró una forma personal de difundir la poesía y compartir su admiración por estos escritores y no solo en España sino “también por toda Europa, América del Sur y Nueva York”.

Más de cincuenta películas

Aunque confiesa que fue sobre el escenario donde se sintió más cómoda y realizada, Mary Paz Pondal también dejó una profunda huella en el cine, con casi ochenta películas en su trayectoria. Trabajó con algunos de los directores más importantes, como Luis Buñuel, José María Forqué, Narciso Ibáñez Serrador y José Luis Garci, entre otros. Su papel en Tristana (Buñuel, 1970) sigue siendo uno de los más recordados.

Sobre su experiencia con el maestro aragonés, recuerda que fue él mismo quien la llamó personalmente. “La experiencia fue muy bonita, porque durante el rodaje no paraba de decirme: ‘Qué pena que el papel no sea más grande, pero ya ves, es lo que tengo’”. Se lo repetía tanto que, asegura, llegó a esconderse detrás de Fernando Rey para evitar escucharlo de nuevo. Aún así, trabajar con el cineasta fue “una maravilla”. En aquel entonces, siendo realmente joven, la actriz no supo qué responderle, pero con la perspectiva del tiempo bromea: “Si no me llega a pillar tan joven, le hubiera recordado eso que tanto me repetía en el rodaje”. Además, admite que su carácter tímido marcó muchas de sus experiencias profesionales. 

Recitando por Asturias

Cuando le preguntamos sobre sobre sus inicios en el mundo de la interpretación recuerda cómo “de niña ya actuaba mucho en Asturias y había ganado varios premios recitando”. No en vano, añade, “en mi casa se respiraba un ambiente muy cultural”. Entonces nos habla de una librería que marcó su infancia y que ahora sigue formando parte de su vida, manteniendo su hogar lleno de libros, como entonces. No olvida cómo, desde pequeña, la lectura era una de sus grandes pasiones y cómo esa librería, que para ella era imprescindible, alimentaba su amor por los libros. Con nostalgia, nos cuenta una anécdota: “Un día llegué del colegio y fui a mi librería, pero una hermana de mi madre se había llevado todos los libros, porque eran suyos, y yo lloraba ‘¡Ay, mamá, dónde están mis libros!”. Esos ejemplares no los recuperó, pero poco a poco se fue llenando con muchos otros”. De esa afición a la lectura nació, precisamente, su pasión por la poesía. En cuanto a la interpretación, recuerda que “ya de muy pequeña, en el colegio, empezaba a recitar poesías y me daba cuenta de que gustaba”. “Recuerdo una vez que recité en la cárcel de Oviedo y vi a los presos llorar”, rememora. “Y en el Ayuntamiento, siempre que venía alguien, me llamaban a mí para recitar. Incluso, un año antes de irme a Madrid, vinieron a Oviedo muchos de los artistas más importantes de la época, desde Vicente Parra —que luego contraté en mi compañía— hasta José Isbert. Muchos me oyeron, me escucharon recitar y me dijeron tantas cosas bonitas que fue entonces cuando mi madre decidió, porque le decían que yo valía mucho”.

Primera película

En ese momento, tenía unos 15 años y su madre tomó la decisión de llevarla a Madrid para estudiar en la Escuela de Arte Dramático. De ahí surgiría además su primera incursión en el cine, pues fue en ese momento cuando conoció al director César Fernández Ardavín, quien le ofreció un papel en El Lazarillo de Tormes, que más tarde, en 1960, se alzaría con el Oso de Oro de Berlín.

Mary Paz Pondal se reconoce una privilegiada por haber contado con el apoyo incondicional de su familia: “Mis padres estaban muy orgullosos siempre de mí”, destaca. 

Su primer papel protagonista le llegó con Siempre en mi recuerdo (1962), rodada en Murcia y que, durante muchos años, estuvo perdida, hasta que la Filmoteca Regional ‘Francisco Rabal’ logró recuperarla, lo que para la propia Pondal fue una “verdadera alegría”. Por supuesto, estuvo presente en su reestreno en Murcia en abril del año pasado. “Me invitaron y fue muy bonito, yo incluso cantaba en esa película”, cuenta.

Su gran belleza física la convirtió en portada de numerosas revistas, y algunos medios de prensa la llegaron a denominar como “la Sofía Loren asturiana”, una comparación a la que ella prefiere restarle importancia. Le tocó vivir la época del denominado ‘destape’, un periodo con el que, como ella misma confiesa, no se sentía completamente cómoda debido a su educación cristiana. Incluso llegó a perder alguna oportunidad laboral por no querer mostrar su pecho en pantalla.

Sin embargo, más allá del ‘destape’ , Mary Paz Pondal participó en películas de gran éxito. No podemos olvidar las que rodó junto a Paco Martínez Soria. “Me gustaba mucho hacer este tipo de cine”, asegura. Junto al actor zaragozano, protagonizó, por ejemplo, Estoy hecho un chaval (1976), Cómo está el servicio y El padre de la criatura (1972). También trabajó con Alfredo Landa en Simon, estamos contigo (1978).

Aunque su presencia en el cine ha disminuido con el tiempo, no ha abandonado por completo este mundo. En la actualidad, nos cuenta, sigue rodando pues: “El otro día estuve en Oviedo haciendo una película, Buscando a Rufo, la cual llevamos casi una década rodando, pero aún no se ha terminado por falta de financiación pero confío en que pronto llegue a su fin”.

Por otro lado, se mantiene al día con las nuevas tecnologías. Además de usar WhatsApp, tiene un perfil muy activo en Facebook, donde publica casi a diario. Con cierta frecuencia, escribe en una pequeña revista una sección titulada Desde mi bicicleta, en la que comparte anécdotas y recuerdos personales. Además, asiste a numerosos eventos. Por ejemplo, nos cuenta que estuvo invitada a un acto de la Academia del Cine para el reestreno de El Camino, película en la que también actuó y que fue dirigida por Ana Mariscal y cada año, también asiste a la ceremonia de los Premios Goya, ya que es miembro de la Academia del Cine y, por tanto, tiene el honor de votar para decidir a los ganadores.

Texto: Irene García