El Eurostars Hotel de la Reconquista acogió el pasado martes 25 de noviembre uno de los actos centrales de las Fiestas de Santa Bárbara 2025: el tradicional concierto lírico, el homenaje a los colegiados que cumplen o han cumplido 70 años a lo largo del año, y el nombramiento como Colegiado de Honor de D. Vicente de la Pedraja Cañas, figura esencial en la historia reciente del Colegio.
Un inicio marcado por la música y el recuerdo
La soprano Cristina Van Roy y el pianista Marcos Suárez Fernández inauguraron la velada con un recital que llenó el salón de una atmósfera cálida y solemne. Tras el concierto, el decano abrió el acto agradeciendo la asistencia e invitando a recordar “a los minerosfallecidos en los recientes y desgraciados accidentes”, enviando su pésame a las familias en nombre de toda la institución.

Homenaje a una generación
El decano dedicó su intervención a quienes han cumplido o cumplirán 70 años, resaltando que “detrás de cada insignia hay décadas de esfuerzo, decisiones difíciles y una vocación que no entiende de modas”. Reivindicó el valor histórico y social de la ingeniería de minas, así como su transformación en una profesión cada vez más diversa y transversal. Recordó que muchos de los homenajeados comenzaron su carrera en plena revolución
tecnológica y destacó que “la polivalencia es nuestro ADN”, reflejada en generaciones que han trabajado en minería, energía, industria, medioambiente e infraestructuras, contribuyendo a la modernización del país.
A continuación se impusieron las insignias a:
Paulino Alegre Fidalgo, Francisco Aréchaga Rodríguez, Herminio García Fernández, Jesús Salvador García García, Vicente Gutiérrez Peinador, Antonio López López, Alfonso Martínez Martínez, José Antonio Mori Serrano, Alberto López Igualada, Pedro Unzueta Martínez y Luis Pelayo Zorroza Landa.
El decano agradeció a cada uno su trayectoria, su compromiso y su cercanía al Colegio:
“Gracias por lo que nos habéis enseñado y por seguir acompañándonos con vuestro consejo
y vuestra experiencia”
En este tramo del acto, el decano abordó asimismo los desafíos actuales de la industria, desde la seguridad de suministro hasta el papel de las materias primas críticas en la transición energética. Recordó que “no basta con instalar renovables”, subrayando la necesidad de reforzar redes, almacenamiento, tecnologías de respaldo y planificación rigurosa.
Pidió también a administraciones y empresas avanzar hacia la industria limpia, agilizar trámites sin perder garantías y apostar por la formación continua, la innovación y el talento joven, recordando que la ingeniería de minas “no tiene paro cuando se sabe leer el tiempo en el que uno vive”.
El reconocimiento a Don Vicente de la Pedraja Cañas
En la parte final del acto, el decano tomó de nuevo la palabra para rendir homenaje a Don Vicente de la Pedraja Cañas, recientemente nombrado Colegiado de Honor. Subrayó que el reconocimiento no era únicamente un título, sino el reflejo de toda una vida vinculada al Colegio y a la profesión.
Recordó que Vicente formó parte de la institución desde sus inicios en los años setenta, en un periodo en el que prácticamente todo estaba por construir. Su labor contribuyó a modernizar el Colegio, mecanizar procesos, impulsar actividades formativas y culturales, y consolidar una sede propia que dio solidez y proyección a la institución. También destacó su papel en la creación y desarrollo de la revista Entiba, concebida como un espacio estable de información, reflexión y cultura para los colegiados.
El decano evocó además su labor docente y su prestigio profesional, pero sobre todo su capacidad para unir generaciones, orientar decisiones y sostener la vida colegial “con discreción, rigor técnico y una memoria prodigiosa”. En un tono cercano, compartió también anécdotas que ilustraron la presencia constante y el talante humano de Vicente. “El Colegio —afirmó— no podría entenderse sin tu voz, tu memoria prodigiosa y tu rigor técnico. Para muchos, hablar del Colegio es hablar de ti”.
Visiblemente conmovido, Don Vicente abrió su intervención con humor y humildad, reflexionando sobre la sorpresa que le causó recibir este honor a los 87 años: “Confieso que uno piensa que el tiempo de los grandes honores ya ha pasado… Por eso, cuando me comunicaron esta medalla, mi primera reacción fue de incredulidad y la segunda de una inmensa gratitud”.
Subrayó que no podía recibirla como algo individual:
“Esta medalla no es mía. Es de todos vosotros. De los que estáis aquí y, muy especialmente, de los que ya no están. Yo solo tengo el privilegio de sostenerla una vez”. Vicente dedicó un recuerdo lleno de afecto a su esposa, María Antonia García Cosío, muy querida en Oviedo:
“Todos estos años, mi querida esposa… Su apoyo incondicional, su fuerza y su sentido común fueron mi gran sostén. Sin ella yo no estaría hoy aquí recogiendo este premio”. También agradeció el cariño y la presencia de sus hijos, “que siempre me han apoyado y hoy están aquí conmigo”.
Cerró su intervención con un mensaje dirigido a los jóvenes:
“Para las nuevas generaciones: os necesita el mundo. Los retos son grandes, pero nuestra profesión puede estar en todos los sitios. Paso la antorcha. Cuidad del Colegio, defendedlo con orgullo. No tengáis miedo a lo absurdo. Ejercer la profesión de ingeniero de minas no es un trabajo: es un gran honor.”
El reconocimiento concluyó entre aplausos largos y sentidos por parte de los asistentes.
Finalmente, el decano clausuró la ceremonia enviando los mejores deseos para las próximas fiestas y para el año 2026. Tras la foto de familia, los asistentes compartieron un cóctel que puso fin a una jornada marcada por el respeto, la emoción y el sentimiento comunidad.







